Simón de Cirene venía del campo. No era discípulo, no iba buscando nada, probablemente solo quería llegar a casa. Le echaron mano y le cargaron una cruz que no era suya. Así entra en el evangelio el hombre que más se nos parece: alguien a quien la vida le puso encima un peso que no eligió.
El pasaje
Al conducirle al suplicio echaron mano de un tal Simón, natural de Cirene, que venía de una granja, y le cargaron la cruz para que la llevara en pos de Jesús. Seguíale gran muchedumbre de hombres y de mujeres, las cuales se deshacían en llantos. Pero Jesús vuelto a ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque presto vendrán días en que se diga: Dichosas las estériles, y dichosos los vientres que no concibieron, y los pechos que no dieron de mamar. Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Sepultadnos. Pues si al árbol verde le tratan de esta manera, ¿en el seco qué se hará?
Lucas 23, 26-31 · Biblia Torres Amat
Qué contemplar
Contempla a Simón. Nadie le preguntó. Lo obligaron, y lo hizo de mala gana, casi con toda seguridad. Y sin embargo su nombre quedó escrito para siempre, y él es el único que llegó a tocar esa cruz con las manos. Las cargas que no elegimos también pueden ser un sitio de encuentro con Dios, y normalmente lo descubrimos años después.
Contempla después la respuesta a las mujeres, porque desconcierta. Lloran por Él, que es lo compasivo y lo lógico, y Él les dice que no. Que lloren por ellas y por sus hijos. Jesús no busca que le compadezcan: en pleno camino al suplicio sigue preocupado por lo que va a pasarle a otra gente. No hay una sola frase suya en todo este pasaje dedicada a su propio dolor.
Y contempla lo que eso descarta. La devoción a la Pasión no consiste en sentir pena por Jesús. Él mismo dice que no es eso. Consiste en mirar de frente lo que el pecado hace y cambiar de vida — que es lo que significa llorad por vosotras mismas.
Qué pedir: el fruto de este misterio
El fruto es la paciencia. No la resignación pasiva, sino la capacidad de sostener lo que dura: una enfermedad larga, un cuidado que no termina, un trabajo que agota, un hijo que tarda en volver. La cruz de este misterio no se lleva de un salto; se lleva paso a paso, y se cae por el camino.
Reza esta decena si llevas mucho tiempo aguantando algo y estás cansado. Y rézala pidiendo ser Simón para alguien: ver el peso que otro carga y meter el hombro sin que te lo pidan.
Es el cuarto misterio doloroso. Los dolorosos se rezan los martes y los viernes.
El orden completo está en la guía paso a paso y el grupo en misterios dolorosos.

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