Contra el miedo y en los momentos de temor

Cuando el miedo aprieta —al futuro, a una amenaza, a lo desconocido— este salmo devuelve la calma. Es la oración de quien decide no temer porque sabe de quién depende. «El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?». Se reza en las noches de angustia, antes de una prueba difícil, o cuando el corazón necesita recordar que Dios es más grande que aquello que lo asusta.
Salmo 27 en la Biblia Torres Amat
El Señor es mi luz y mi salvación: ¿a quién he de temer yo? El Señor es el defensor de mi vida: ¿quién me hará temblar? Mientras están para echarse sobre mí los malhechores, a fin de devorar mis carnes, esos enemigos míos que me atribulan, esos mismos han flaqueado, y han caído. Aunque acampen ejércitos contra mí, no temblará mi corazón. Aunque me embistan en batalla, entonces mantendré firme mi esperanza. Una sola cosa he pedido al Señor, ésta solicitaré; y es que yo pueda vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida; para contemplar las delicias del Señor, frecuentando su templo. El es quien me tuvo escondido en su Tabernáculo; en los días aciagos me puso a cubierto en lo más recóndito de su pabellón. Me ensalzó sobre una roca; y ahora me ha hecho prevalecer contra mis enemigos. Por tanto estaré alrededor de su Tabernáculo, inmolando sacrificios de júbilo o acción de gracias; cantando y entonando himnos al Señor. Escucha, ¡oh Señor!, mis voces, con que te he invocado; ten misericordia de mí y óyeme. Contigo ha hablado mi corazón; en busca de ti han andado mis ojos. ¡Oh, Señor! tu cara es la que yo busco. No apartes de mí tu rostro; no te retires enojado de tu siervo. Sé tú en mi ayuda; no me desampares, ni me desprecies, ¡oh Dios, salvador mío! Porque mi padre y mi madre me desampararon; pero el Señor me ha tomado por su cuenta. Arregla, Señor, mis pasos en tu camino, y dirígeme por la recta senda, a causa de mis enemigos. No me abandones a los deseos de mis perseguidores; porque han conspirado contra mí testigos inicuos; mas la iniquidad ha mentido o dañado a sí misma. Yo espero que veré algún día los bienes del Señor en la tierra de los vivientes. Aguarda al Señor, y pórtate varonilmente; cobre aliento tu corazón, y espera con paciencia el Señor.
Salmo 27 · Vulgata 26 · Biblia Torres Amat (1825), traducción católica de dominio público
Para meditar
El que reza este salmo no dice que no haya motivos para tener miedo: dice que, teniendo a Dios, el miedo no manda. La luz vence a la oscuridad no discutiendo con ella, sino simplemente estando. Así la presencia de Dios en el alma. Detente en «aunque un ejército acampe contra mí, mi corazón no teme». No es valentía humana, es confianza. Cuando el miedo te despierte de noche, reza este salmo despacio y deja que la última palabra la tenga Dios, no el temor.
Cómo hacerlo tuyo
El miedo se combate con confianza, no con más miedo. Este salmo no niega el peligro, lo pone en su sitio: por debajo de Dios. Quien encuentra su luz en el Señor camina, aunque tiemble, sin dejarse gobernar por la oscuridad.
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