Salmo 121: Levanto mis ojos a los montes

Protección en el camino y en los viajes

Salmo 121

Este breve salmo se rezaba antiguamente al emprender un viaje o al subir en peregrinación a Jerusalén. Es la oración de quien pone su caminar bajo el cuidado de Dios: «El Señor te guarda de todo mal, Él guarda tu alma». Se reza al salir de casa, al comenzar un viaje, o al encomendar a alguien que parte, pidiendo que Dios lo acompañe a la ida y a la vuelta.

Salmo 121 en la Biblia Torres Amat

Alcé mis ojos hacia los montes de Jerusalén, de donde me vendrá el socorro. Mi socorro viene del Señor que creó el cielo y la tierra. No permitirá que resbalen tus pies, oh alma mía, ni se adormecerá aquel que te está guardando. No por cierto, no se adormecerá, ni dormirá el que guarda a Israel. El Señor es el que te custodia; el Señor está a tu lado para defenderte. Ni de día el sol te quemará, ni de noche te dañará la luna. El Señor te preservará de todo mal. Guardará el Señor tu alma. El Señor te guardará en todos los pasos de tu vida, desde ahora y para siempre.

Salmo 121 · Vulgata 120 · Biblia Torres Amat (1825), traducción católica de dominio público

Para meditar

El salmo empieza con una pregunta —»¿de dónde me vendrá el auxilio?»— y responde enseguida: del Señor, que hizo el cielo y la tierra. No de los montes, no de las fuerzas propias, sino de Dios. Detente en «el Señor guarda tus entradas y tus salidas, ahora y por siempre». Es una promesa de compañía constante, no solo para el viaje de hoy, sino para el camino entero de la vida. Rézalo al partir, pero también cuando sientas que no sabes hacia dónde vas.

Cómo hacerlo tuyo

Encomendar el camino a Dios es reconocer que no caminamos solos. El que guarda a Israel «no duerme ni se adormece»: vela cuando nosotros descansamos. Ir por la vida bajo esa mirada cambia el paso, aunque el camino sea largo.


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