Sed de Dios y oración de la mañana

Este salmo es la oración del alma que busca a Dios desde el amanecer, con hambre y sed de Él. «Mi alma está sedienta de ti como tierra reseca». Se reza al comenzar el día, en momentos de sequedad espiritual, o cuando uno quiere avivar el deseo de Dios en un corazón que se ha enfriado.
Salmo 63 en la Biblia Torres Amat
¡Dios mío, oh mi Dios!, a ti aspiro, y me dirijo desde que apunta la aurora. De ti está sedienta el alma mía. ¡Y de cuántas maneras lo está también este mi cuerpo! En esta tierra desierta, intransitable y sin agua, me pongo en tu presencia, como si me hallara en el santuario, para contemplar tu poder y la gloria tuya. Más apreciable es que mil vidas tu misericordia; por tanto se ocuparán mis labios en tu alabanza. Por esto te bendeciré toda mi vida, y alzaré mis manos invocando tu Nombre. Quede mi alma bien llena de ti, como de un manjar jugoso; y entonces con labios que rebosen de júbilo, te cantará mi boca himnos de alabanza. Me acordaba de ti en mi lecho; en ti meditaba luego que amanecía; pues tú eres mi amparo, y a la sombra de tus alas me regocijaré. En pos de ti va anhelando el alma mía; me ha protegido tu diestra. En vano han buscado cómo quitarme la vida; entrarán en las cavernas más profundas de la tierra: Entregados serán a los filos de la espada; serán pasto de las zorras. Entretanto el rey se regocijará en Dios: loados serán aquellos que le juran; porque quedó así tapada la boca de todos los que hablaban inicuamente.
Salmo 63 · Vulgata 62 · Biblia Torres Amat (1825), traducción católica de dominio público
Para meditar
La imagen es la de una tierra agrietada por la sequía que espera la lluvia. Así el alma que ha probado a Dios y lo echa de menos. «Tu gracia vale más que la vida» — pocas frases dicen tanto. Para quien reza este salmo, Dios no es una parte de la vida entre otras: es lo que da sentido a todo lo demás. Detente en «por ti madrugo»: buscar a Dios lo primero, antes que las prisas del día, ordena todo lo que viene después.
Cómo hacerlo tuyo
Empezar el día con sed de Dios cambia la jornada entera. No se trata de rezar mucho, sino de poner a Dios primero, para que Él ilumine todo lo que venga después.
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