Salmo 84: Qué deseables son tus moradas, Señor

Amor a la casa de Dios y a la oración

Salmo 84

Salmo del alma que ama estar en presencia de Dios, que anhela su templo. «Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor». Se reza para avivar el amor a la Misa, a la oración, a los momentos de encuentro con Dios; para quien echa de menos la iglesia o quiere redescubrir la alegría de estar con el Señor.

Salmo 84 en la Biblia Torres Amat

¡Oh cuán amables son tus moradas, Señor de los ejércitos! Mi alma suspira y padece desfallecimientos, ansiando estar en los atrios del Señor. Se transportan de gozo mi corazón y mi cuerpo, contemplando al Dios vivo. El pajarillo halló un hueco donde guarecerse, y nido la tórtola para poner sus polluelos. Tus altares, oh Señor de los ejércitos, oh rey mío y Dios mío. Bienaventurados, Señor, los que moran en tu casa, te alabarán por los siglos de los siglos. Dichoso el hombre que en ti tiene su amparo, y que ha dispuesto en su corazón, en este valle de lágrimas, los grados para subir hasta el lugar santo que destinó Dios para sí. Porque le dará su bendición el legislador, y caminarán de virtud en virtud; y el Dios de los dioses se dejará ver en Sión. ¡Oh Señor Dios de los ejércitos! oye mi oración; escúchala atento, oh Dios de Jacob. Vuélvete a mirarnos, ¡oh Dios protector nuestro!, y pon los ojos en el rostro de tu Ungido. Más vale un solo día de estar en los atrios de tu templo, que millares fuera de ellos. He escogido ser el ínfimo en la casa de Dios, más bien que habitar en la morada de los impíos. Porque Dios ama la misericordia y la verdad; dará el Señor la gracia y la gloria. No dejará sin bienes a los que proceden con inocencia. ¡Oh Señor de los ejércitos!, bienaventurado el hombre que pone en ti su esperanza.

Salmo 84 · Vulgata 83 · Biblia Torres Amat (1825), traducción católica de dominio público

Para meditar

«Vale más un día en tus atrios que mil en cualquier parte». Para quien ama a Dios, estar en su presencia no es obligación sino deseo. El salmo compara al alma con el pájaro que encuentra casa junto al altar: un lugar donde por fin se está a salvo y en paz. Detente ahí: la iglesia, la oración, la Misa no son deberes que cumplir, sino el hogar donde el alma descansa. Redescubrir ese deseo es redescubrir la alegría de la fe.

Cómo hacerlo tuyo

Amar la casa de Dios es amar a Dios mismo. Este salmo invita a que la oración y la Misa dejen de ser rutina y vuelvan a ser lo que son: el encuentro más deseable, el lugar donde el corazón por fin se siente en casa.


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