Salmo 46: Dios es nuestro refugio y fortaleza

Serenidad en medio de la tormenta

Salmo 46

Salmo de paz firme en tiempos de crisis. Aunque tiemble la tierra y se hundan los montes, Dios permanece. «Estad quietos y sabed que yo soy Dios». Se reza en tiempos de miedo colectivo, de incertidumbre, de cambios que asustan, para recordar que hay una roca que no se mueve por más que todo se agite alrededor.

Salmo 46 en la Biblia Torres Amat

Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro defensor en las tribulaciones que tanto nos han acosado. Por eso no temeremos aun cuando se conmueva la tierra, y sean trasladados los montes al medio del mar. Bramaron y se alborotaron sus aguas, a su furioso ímpetu se estremecieron los montes. Un río caudaloso alegra la ciudad de Dios; el Altísimo ha santificado su Tabernáculo. Está Dios en medio de ella, no será conmovida; la socorrerá Dios ya desde el rayar el alba. Se conturbaron las naciones, y bambolearon los reinos; dio el Señor una voz, y la tierra se estremeció. Con nosotros está el Señor de los ejércitos; el Dios de Jacob es nuestro defensor. Venid y observad las obras del Señor, y los prodigios que ha hecho sobre la tierra; cómo ha alejado la guerra hasta el cabo del mundo. Romperá los arcos, hará pedazos las armas, y entregará al fuego los escudos. Estad tranquilos, y considerad que yo soy el Dios; ensalzado he de ser entre las naciones, y ensalzado en toda la tierra. El Señor de los ejércitos está con nosotros; nuestro defensor es el Dios de Jacob.

Salmo 46 · Vulgata 45 · Biblia Torres Amat (1825), traducción católica de dominio público

Para meditar

«Estad quietos y sabed que yo soy Dios». En medio del ruido y el miedo, el salmo manda parar. La quietud no es pasividad: es confianza activa, la de quien deja de agitarse porque sabe quién tiene el control. Cuando todo alrededor tiemble —en el mundo o en tu propia vida— este salmo invita a buscar el centro que no se mueve. Dios no siempre calma la tormenta de fuera; siempre puede calmar la de dentro.

Cómo hacerlo tuyo

Hay una paz que no depende de que las cosas vayan bien, sino de saber en manos de quién estamos. Ese es el refugio que ofrece este salmo: no la ausencia de tormenta, sino una roca firme en medio de ella.


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