Salmo 91: El que habita al amparo del Altísimo

Oración de protección para el hogar y la familia

Salmo 91

Este es el gran salmo de la protección. Durante siglos las familias cristianas lo han rezado para pedir amparo sobre la casa, sobre los hijos, sobre quienes salen y entran cada día. Habla de Dios como refugio y fortaleza, y promete su cuidado incluso en medio del peligro. Es especialmente querido por quienes rezan por la seguridad de su familia y de su hogar.

Salmo 91 en la Biblia Torres Amat

El que se acoge al asilo del Altísimo, descansará siempre bajo la protección del Dios del cielo. El dirá al Señor: Tú eres mi amparo y refugio; el Dios mío en quien esperaré. Porque él me ha librado del lazo de los cazadores y de terribles adversidades. Con sus alas te hará sombra, y debajo de sus plumas estarás confiado. Su verdad te cercará como escudo; no temerás terrores nocturnos, ni la saeta disparada de día, ni al enemigo que anda en tinieblas, ni los asaltos del demonio en medio del día. Caerán muertos a tu siniestra mil y diez mil a tu diestra; mas nada te pasará a ti. Tú lo estarás contemplando con tus propios ojos, y verás el pago que se da a los pecadores, y exclamarás: ¡Oh! y cómo eres tú, ¡oh Señor, mi esperanza! Tú ¡oh justo! has escogido al Altísimo para asilo tuyo. No llegará a ti el mal, ni el azote se acercará a tu morada. Porque él mandó a sus ángeles que cuidasen de ti; los cuales te guardarán en cuantos pasos dieres. Te llevarán en las palmas de sus manos; no sea que tropiece tu pie en alguna piedra. Andarás sobre áspides y víboras, y hollarás los leones y dragones. Ya que ha esperado en mí, yo le libraré; yo lo protegeré, pues ha conocido o adorado mi Nombre. Clamará a mí, y lo oiré benigno. Con él estoy en la tribulación; lo pondré a salvo, y lo llenaré de gloria. Lo sacaré con una vida muy larga, y le haré ver el salvador que enviaré.

Salmo 91 · Vulgata 90 · Biblia Torres Amat (1825), traducción católica de dominio público

Para meditar

El salmo no promete una vida sin peligros: promete un refugio en medio de ellos. «Te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas te refugiarás» — la imagen es la de un ave que protege a sus crías con el cuerpo. Así cuida Dios. Cuando lo reces por tu familia, no lo hagas como quien recita un conjuro para que nada malo pase, sino como quien confía a los suyos al único que puede guardarlos de verdad. La protección que promete no es la ausencia de dificultades, sino la presencia de Dios en ellas.

Cómo hacerlo tuyo

Conviene rezarlo con fe, no como amuleto. La verdadera protección no está en las palabras del salmo, sino en Dios a quien esas palabras se dirigen. Encomendar la casa al Altísimo es reconocer que ni la cerradura más fuerte guarda un hogar como lo guarda la confianza en el Señor.


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