Príncipe de los ejércitos celestiales, defensa contra el mal
Fiesta: 29 de septiembre (junto con San Gabriel y San Rafael)

Quién fue
San Miguel es el más conocido de los arcángeles, mencionado en la Sagrada Escritura como el que combate contra el mal. Su nombre significa «¿Quién como Dios?», el grito con que, según la tradición, se opuso a la soberbia del ángel caído. El libro del Apocalipsis lo presenta luchando contra el dragón y sus ángeles.
La Iglesia lo venera como defensor del pueblo de Dios y protector contra las fuerzas del mal. Durante siglos, los fieles lo han invocado en la lucha espiritual, pidiendo su amparo frente a las tentaciones y los peligros del alma.
Oración a San Miguel Arcángel
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla; sé nuestro amparo contra la perversidad y las asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.
Para qué se le reza
A San Miguel se le invoca como protector contra el mal, en la lucha espiritual, y como defensa del hogar y de la familia frente a todo peligro del alma. Es patrono de quienes enfrentan tentaciones, miedos espirituales o momentos de prueba en la fe.
Es importante entender bien esta devoción: San Miguel no tiene poder propio contra el mal, sino que actúa por el poder de Dios —lo dice la propia oración: «reprímale Dios». Invocarlo no es un conjuro ni una fórmula mágica de protección, sino pedir la ayuda de Dios a través de su arcángel. La verdadera fuerza contra el mal es siempre la de Cristo, que lo venció en la cruz.
Vuelve a todos los ángeles o entra en las oraciones.