Todo lo demás del Rosario desemboca aquí. Y lo primero que hay que decir es lo que el evangelio dice: no fue un accidente ni una derrota. Sus últimas palabras no son un lamento, son un final de obra: todo está cumplido. Lo que empezó cuando una muchacha dijo que sí en Nazaret termina en esta frase.
El pasaje
Estaban al mismo tiempo junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana, o parienta de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Habiendo mirado, pues, Jesús a su madre y al discípulo que él amaba, el cual estaba allí, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel punto se encargó de ella el discípulo, y la tuvo consigo en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que todas las cosas estaban a punto de ser cumplidas, para que se cumpliese la Escritura, dijo: Tengo sed. Estaba puesto allí un vaso lleno de vinagre. Los soldados, pues, empapando en vinagre una esponja, y envolviéndola a una caña de hisopo, se la aplicaron a la boca. Jesús luego que chupó el vinagre, dijo: Todo está cumplido. E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.
Juan 19, 25-30 · Biblia Torres Amat
Qué contemplar
Contempla quién se queda. Los apóstoles habían huido casi todos. Al pie de la cruz quedan tres mujeres y un discípulo joven. Estar es lo único que pueden hacer —no pueden bajarlo, ni defenderlo, ni consolarlo— y resulta que estar era lo que hacía falta. Cuando alguien que quieres está sufriendo y no puedes arreglar nada, este pasaje te dice qué hacer: quedarte.
Contempla después las dos frases que se cruzan sobre las cabezas de María y Juan. Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre. Es Cristo quien la entrega y es Cristo quien manda; María recibe. De aquí viene que los católicos la llamemos Madre: no porque ella lo reclamara, sino porque Él nos la dio desde la cruz. Y por eso mismo pedirle a María nunca compite con Él — es obedecer lo último que dijo.
Y contempla el tengo sed. Es la frase más pequeña y la más desconcertante. Dios pidiendo agua. Quien sostiene el universo con una mano, dependiendo de que un soldado le acerque una esponja. La humillación de la Encarnación llega hasta ahí.
Qué pedir: el fruto de este misterio
El fruto es la perseverancia final: seguir hasta el final, no soltar. Es el fruto de los que llevan años cuidando, de los que siguen creyendo cuando ya no sienten nada, de los que van a morir y quieren hacerlo en paz.
Reza esta decena por los enfermos graves y por los moribundos, que es su uso más antiguo. Rézala por quien acompaña a un enfermo sin poder hacer nada más que estar. Y rézala por ti mismo, para que cuando te llegue la hora puedas decir que hiciste lo que se te encomendó.
Es el quinto misterio doloroso. Los dolorosos se rezan los martes y los viernes.
El orden completo está en la guía paso a paso y el grupo en misterios dolorosos.

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