Cuarto Misterio Luminoso – La Transfiguración del Señor

Pedro dice una frase que lo retrata y nos retrata: bien estamos aquí. Acaba de ver algo desbordante y su primer impulso es montar tres tiendas y quedarse a vivir en la cumbre. Lucas añade un comentario que es casi una sonrisa: no sabiendo lo que decía. Cualquiera que haya vivido un momento bueno de fe y haya querido detener el reloj sabe de qué va esto.

El pasaje

Sucedió, pues, que cerca de ocho días después de dichas estas palabras, tomó consigo a Pedro, y a Santiago, y a Juan, y subió a un monte a orar. Y mientras estaba orando, apareció diversa la figura de su semblante, y su vestido se volvió blanco y refulgente. Y se vieron de repente dos personajes que conversaban con él, los cuales eran Moisés y Elías, que aparecieron en forma gloriosa y hablaban de su salida, la cual estaba para verificar en Jerusalén. Mas Pedro y sus compañeros se hallaban cargados de sueño. Y despertando vieron la gloria de Jesús y a los dos personajes que le acompañaban. Y así que éstos iban a despedirse de él, le dijo Pedro: Maestro, bien estamos aquí; hagamos tres tiendas o pabellones, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías; no sabiendo lo que decía. Mas en tanto que esto hablaba, se formó una nube que los cubrió; y viéndolos entrar en esta nube, quedaron aterrados. Y salió de la nube una voz que decía: Este es el hijo mío querido, escuchadle. Al oírse esta voz, se halló Jesús solo. Y ellos guardaron silencio, y a nadie dijeron por entonces nada de lo que habían visto.

Lucas 9, 28-36 · Biblia Torres Amat

Qué contemplar

Contempla de qué están hablando Moisés y Elías con Él. Lucas es el único que lo cuenta, y no es un detalle menor: hablaban de su salida, la cual estaba para verificar en Jerusalén. Es decir, de su muerte. En el momento de mayor gloria de toda su vida pública, la conversación va sobre la cruz. La luz de este misterio no niega el Calvario: lo prepara.

Contempla también para qué sirve un momento así. No para quedarse. A los tres que suben al monte les tocará bajar, y dentro de poco verán a ese mismo hombre arrestado y ejecutado. Este recuerdo es lo que tendrán que sostener entonces. Los momentos buenos de la fe no son el premio: son la provisión para el tramo duro.

Y contempla la única instrucción que da el Padre en todo el evangelio: escuchadle. Una palabra. Ni «adoradle» ni «temedle»: escuchadle. Lo que Dios pide es que le prestemos atención a su Hijo.

Qué pedir: el fruto de este misterio

El fruto es el deseo de santidad: querer de verdad ser mejor, no por perfeccionismo ni por quedar bien, sino porque has visto algo que merece la pena y ya no te conformas.

Reza esta decena cuando la fe se te haya vuelto rutina y no sientas nada: este es el misterio que pide luz. Y rézala después de un momento fuerte —una retiro, una confesión, una misa que te llegó— para pedir no perderlo cuando vuelvas a la vida de siempre. Que es lo que de verdad cuesta.

Es el cuarto misterio luminoso. Los luminosos se rezan los jueves.

El orden completo está en la guía paso a paso y el grupo en misterios luminosos.

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