Sabe que le quedan horas. Podía haber dejado un libro, una doctrina, una lista de instrucciones. Lo que hace es sentarse a cenar con sus amigos, tomar un pan y decir que es su cuerpo. Y añadir la frase que convierte esa cena en algo que sigue ocurriendo dos mil años después: haced esto en memoria mía.
El pasaje
Llegada la hora, se puso a la mesa con los doce apóstoles. Y les dijo: Ardientemente he deseado comer este cordero pascual con vosotros, antes de mi pasión. Porque yo os digo, que ya no lo comeré otra vez, hasta cuando tenga su cumplimiento en el reino de Dios. Y tomando el cáliz dio gracias a Dios, y dijo: Tomad, y distribuidlo entre vosotros; porque os aseguro que ya no beberé el zumo de la vid, hasta que llegue el reino de Dios. Después tomó el pan, dio gracias, lo partió, y se los dio, diciendo: Este es mi cuerpo, el cual se da por vosotros; haced esto en memoria mía. Del mismo modo tomó el cáliz después que hubo cenado, diciendo: Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derramará por vosotros.
Lucas 22, 14-20 · Biblia Torres Amat
Qué contemplar
Contempla la primera frase, que es de una ternura desarmante: ardientemente he deseado comer este cordero pascual con vosotros. Le apetecía. Tenía ganas de esa cena. En la víspera de su muerte, lo que ocupa su cabeza es estar con los suyos una vez más.
Contempla quién está sentado a esa mesa. Los doce. Incluido el que va a venderlo esa misma noche y el que lo negará tres veces antes del amanecer. No echa a nadie, no hace una selección previa. Si alguna vez te has preguntado si eres digno de comulgar, mira la lista de invitados.
Y contempla el tiempo verbal, que es lo que la Iglesia siempre ha tomado al pie de la letra: este es mi cuerpo. No dice que lo represente ni que lo recuerde. Por eso los católicos nos arrodillamos ante el Santísimo: porque creemos que ahí está Él, no una imagen suya. Todo el misterio de la Misa está en ese verbo.
Qué pedir: el fruto de este misterio
El fruto es el amor a la Eucaristía: que la Misa deje de ser una obligación semanal y vuelva a ser una cita. Y que la comunión no se reciba por inercia, como quien pasa por una fila.
Reza esta decena antes de ir a Misa, o después de comulgar, que es cuando más se aprovecha. Rézala por los sacerdotes, sin los cuales esto no ocurre. Y rézala por quien lleva años sin acercarse y no sabe cómo volver: la puerta sigue abierta y la mesa está puesta, con la misma lista de invitados de aquella noche.
Es el quinto misterio luminoso. Los luminosos se rezan los jueves.
El orden completo está en la guía paso a paso y el grupo en misterios luminosos.

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