Aquí hay que empezar por lo incómodo: este misterio no lo cuenta la Biblia. No hay ningún pasaje que narre la Asunción de María. Y como en esta web no damos por bíblico lo que no lo es, conviene explicar de dónde viene entonces, porque la respuesta es mucho más interesante que un versículo forzado.
De dónde viene este misterio
La Iglesia cree desde muy antiguo que María, terminada su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria. No es una ocurrencia moderna: hay testimonios de esa fe en los primeros siglos, iglesias dedicadas, liturgias que la celebran. El Papa Pío XII la definió como dogma en 1950, y definir un dogma no es inventarlo: es reconocer formalmente algo que el pueblo cristiano ya creía.
Un detalle que suele sorprender: la Iglesia no ha definido si María murió antes de ser llevada al cielo. Deliberadamente lo dejó abierto. Cuando la Iglesia define algo, define lo justo y no más.
El texto que la Iglesia asocia
Estos versículos del Magníficat no narran la Asunción: son palabras de María en la Visitación. La Iglesia los lee a la luz de este misterio porque anuncian lo que aquí se cumple.
porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava; por tanto ya desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque ha hecho en mí cosas grandes aquel que es todopoderoso, cuyo nombre es santo,
Lucas 1, 48-49 · Biblia Torres Amat
Qué contemplar
Contempla el verbo, porque en él está toda la doctrina. María no asciende: es asunta, es decir, llevada. Cristo sube por su propio poder en la Ascensión; María es subida por el poder de su Hijo. La diferencia entre los dos misterios no es de grado, es de naturaleza. Él es Dios. Ella es una criatura a la que Dios glorifica.
Contempla después lo que este misterio dice de tu cuerpo. No es solo un honor concedido a María: es un adelanto. Lo que le pasó a ella nos está prometido a todos, y el Credo lo reza cada domingo — creo en la resurrección de la carne. El cristianismo no aspira a que el alma escape del cuerpo; espera que el cuerpo entero resucite. María ya está donde esperamos llegar.
Y contempla la lógica de la frase del Magníficat: ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava. La glorificación de María no premia su grandeza, responde a su pequeñez. Empezó llamándose sierva y termina en la gloria por el mismo camino por el que empezó.
Qué pedir: el fruto de este misterio
El fruto es la gracia de una buena muerte. Suena sombrío y no lo es: es pedir llegar al final en paz, reconciliado, sin miedo y acompañado. Es exactamente lo que rezas cada vez que dices el Avemaría — ahora y en la hora de nuestra muerte—, aunque casi nadie repara en ello.
Reza esta decena por los enfermos terminales, por quien acompaña a un moribundo y por los que ya se fueron. Y rézala si le tienes miedo a la muerte: no para dejar de tenérselo, sino para saber que hay alguien allí que ya hizo el camino.
Es el cuarto misterio glorioso. Los gloriosos se rezan los miércoles y los domingos.
El orden completo está en la guía paso a paso y el grupo en misterios gloriosos.

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