Aquí Dios tiene miedo. No conviene suavizarlo, porque es lo único que hace este misterio útil: si Jesús hubiera ido a la cruz sereno y sin titubear, su valentía sería admirable y no nos serviría de nada. Pero pidió librarse. Lo pidió en voz alta. Y luego fue igual.
El pasaje
Salió, pues, Jesús, y se fue según costumbre hacia el monte de los Olivos. Lo siguieron asimismo sus discípulos. Y llegado que fue allí les dijo: Orad para que no caigáis en tentación. Y apartándose de ellos como la distancia de un tiro de piedra, hincadas las rodillas hacía oración, diciendo: Padre mío, si es de tu agrado, aleja de mí este cáliz. No obstante, no se haga mi voluntad, sino la tuya. En esto se le apareció un ángel del cielo, confortándole. Y entrando en agonía, oraba con mayor intensión. Y le vino un sudor como de gotas de sangre, que chorreaba hasta el suelo. Y levantándose de la oración, y viniendo a sus discípulos, los halló dormidos por causa de la tristeza. Y les dijo: ¿Por qué dormís?, levantaos, y orad, para no caer en tentación.
Lucas 22, 39-46 · Biblia Torres Amat
Qué contemplar
Contempla el orden de la frase: primero «aleja de mí este cáliz», y solo después «no se haga mi voluntad, sino la tuya». Jesús no empieza por la resignación. Empieza pidiendo que no. Y el evangelio no lo esconde ni lo corrige. Eso significa que tu oración también puede empezar por ahí: pedir que la copa pase. No es falta de fe, es lo que Él hizo.
Contempla también qué le manda el Padre en respuesta. No le quita el cáliz. Le manda un ángel a confortarle, y Jesús sigue en agonía y oraba con mayor intensión. A veces la respuesta a la oración no es que el problema desaparezca, sino fuerza para seguir dentro de él. Es una respuesta, aunque no sea la que pedimos.
Y fíjate en el detalle más humano del pasaje: los discípulos están dormidos, y Lucas explica por qué. No dice que fueran unos flojos. Dice «por causa de la tristeza». La pena agota. Si llevas semanas sin poder rezar porque estás hundido, este evangelio no te acusa: te describe.
Qué pedir: el fruto de este misterio
El fruto es la contrición: el dolor sincero por el propio pecado, que no es lo mismo que hundirse en la culpa. La contrición mira a Dios; la culpa se mira a sí misma. Una levanta, la otra paraliza.
Reza esta decena cuando tengas que tomar una decisión que no quieres tomar, o cuando te toque aceptar algo que no elegiste. Y rézala en las noches en las que no puedes dormir de angustia: es el misterio de la madrugada en vela, y Cristo la pasó antes que tú.
Es el primer misterio doloroso. Los dolorosos se rezan los martes y los viernes.
Tienes el orden completo del Rosario en la guía paso a paso y el grupo entero en misterios dolorosos.

Deja un comentario