Quinto Misterio Gozoso – El Niño Jesús perdido y hallado en el templo

Cualquiera que haya perdido de vista a un niño diez minutos en un supermercado sabe lo que son tres días. Eso es lo que pasan José y María: tres días sin saber dónde está su hijo, recorriendo el camino de vuelta y preguntando entre parientes y conocidos. Este misterio se llama gozoso, y empieza con el peor miedo que existe.

El pasaje

Iban sus padres todos los años a Jerusalén por la fiesta solemne de la Pascua. Y siendo el niño ya de doce años cumplidos, habiendo subido a Jerusalén, según solían en aquella solemnidad, acabados aquellos días, cuando ya se volvían, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que sus padres lo advirtiesen; antes bien, persuadidos de que venía con algunos de los de su comitiva, anduvieron la jornada entera buscándole entre los parientes y conocidos. Mas como no le hallasen, retornaron a Jerusalén, en su busca. Y al cabo de tres días de haberle perdido, le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, que ora les escuchaba, ora les preguntaba. Y cuantos le oían quedaban pasmados de su sabiduría y de sus respuestas. Al verle, pues, sus padres quedaron maravillados; y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? Mira cómo tu padre y yo llenos de aflicción te hemos andado buscando. Y él les respondió: ¿Cómo es que me buscabas? ¿No sabíais que yo debo emplearme en las cosas que miran al servicio de mi Padre? Mas ellos por entonces no comprendieron el sentido de la respuesta. En seguida se fue con ellos, y vino a Nazaret, y les estaba sujeto. Y su madre conservaba todas estas cosas en su corazón. Jesús entretanto crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios, y de los hombres.

Lucas 2, 41-52 · Biblia Torres Amat

Qué contemplar

Contempla la pregunta de María, porque es de una humanidad desarmante: «Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros?». No es una reflexión mística. Es una madre agotada después de tres días de angustia, reclamando. La Virgen le reprocha algo a su Hijo, y el evangelio lo cuenta sin suavizarlo.

Y contempla la respuesta, porque tampoco consuela: «¿No sabíais que yo debo emplearme en las cosas que miran al servicio de mi Padre?». No pide perdón ni explica. Y entonces viene la frase más honesta del pasaje: ellos por entonces no comprendieron el sentido de la respuesta.

Ahí tienes el consuelo real de este misterio, y no es el que se espera. Ni siquiera María lo entendió todo a la primera. Vivir con Dios incluye tramos de no entender nada, y eso no significa que te hayas equivocado de camino. Lo que ella hace es lo que se puede hacer: conservaba todas estas cosas en su corazón. Guardar lo que no se comprende todavía, en vez de tirarlo.

Qué pedir: el fruto de este misterio

El fruto es buscar a Dios en todo, y muy especialmente cuando parece que se ha ido. Fíjate en dónde lo encuentran: en el templo, es decir, en la casa de su Padre. No estaba perdido; estaban buscándolo en el sitio equivocado, entre parientes y conocidos.

Reza esta decena si estás atravesando una sequía en la oración y Dios te parece ausente. Y rézala, sobre todo, si tienes un hijo lejos —de casa, de la fe, de sí mismo—. Es el misterio de los padres que buscan, y su promesa no es que la búsqueda sea corta: es que hay dónde encontrarlo.

Es el quinto misterio gozoso. Los gozosos se rezan los lunes y los sábados.

Tienes el orden completo en la guía paso a paso y el grupo entero en misterios gozosos.

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